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Monday, December 01, 2003
Lamentaciones: Ya sé que, si alguien realmente lee esto, escribo demasiadas lamentaciones, pero es porque son rápidas, me sacan los problemas, y vienen por problemas, que tengo frecuentemente, más frecuente que las cosas buenas, a las cuales ya les perdí la esperanza. Otra más, que surgió por una película (aunque suene estúpido):
Veo caras felices, caras bellas pero invisibles. Gente que con su hipocresía, rompe mi corazón. No les creo, yo quiero a la amada mía. ¿Dónde estás que no te encuentro? Sal, ven, tu perfecta, espero que vengas; sigo viendo caras invisibles, sonrisas perdidas. ¿Por qué yo no tengo lo que quiero? ¿Existe realmente mis pedidos? No veo más que tristeza en mi interior; espero que encuentre respuestas, y así encontrar a mi amada. Y no quiero esas hipócritas que todo el mundo quiere, yo quiero a mi amada: esa que quizá no me quiere, pero culta, maravillosa, y con mis pensamientos existe. Las espero en mi recámara, yo ya casi muerto: ¿Por qué no te encuentro?
Aradaë
Publicado a las 4:42 pm por Aradae
Thursday, November 27, 2003
Cuento: Este es otro de mis cuentos con mayor apreciación. No me gustan algunas parte porque me escpaé por varios hoyos y perdí el tema. De todas formas me gustó:
La noche La historia que viví, ahora he de contar. Pues como una criatura de la noche, mi “vida” estuvo rodeada de muertes; mas esta muerte quedó fijada, porque la peor y la mejor fue. No piensen en mi como un asesino, pues ustedes mismos asesinan; mírase nada más su comida, y se ve que la muerte es su vida. No pueden vivir si no matan, pues yo tampoco. Y no se crean que salvan al mundo si comen esa porquería verdosa, porque, déjenme recordarles, el pasto tuvo vida, tanta vida como un lobo. Un lobo que es más inocente que una “criatura inteligente”. El lobo... mi recuerdo lo incluye, pero mi razón lo destruye. Porque imposible era que yo parado, pudiera ver a un lobo detrás de la casa ¡No estoy mal y he de demostrarlo! Pues si mal estuviera, no sería capaz de buscar al animal. Y lo encontré, todo achicado, ante aquella figura que se retorcía como si se estuviera ahogando. Parecía que la figura estaba en su fin, y claramente, como haría cualquiera, me acerqué. Lo miré. Y el odio me creció. Era él, aquel que no acepta sus errores, aquel que mata para ganar egoísmo, aquel que yo fui, pero dejé. Como venganza me le acerque, y mi boca abrí, y lo mordí. Lo mordí tan fuerte que su carne quedó en mi boca, como un simple carroñero. Se lo merecía, su pena iba a seguir, y yo aproveché la situación para alimentarme. Me alejé del lugar, mi espada colgando a mi costado, y decidí que mi hambre era mayor a mi decisión. Entré en una casa. ¡Pero qué estupidez cometí! Esa casa estaba bien formada para ser de gente de mal vivir, mas esa era la razón de que a mi decisión de entrar me tendría que haber rehusado. Porque, como todos nosotros sabemos, una casa llena no atrae sólo los comedores de sangre. Caminé hasta el cuarto principal, ubicado en el piso superior entre el cuarto de sus hijos y el de los huéspedes. Cuando entre vi sangre en el piso, mi instinto me hacía agacharme, mas yo no soy un simple humano. Entonces miré al cuarto, la ventana estaba abierta, la cómoda estaba abierta, las camas vacías. En el piso cubierto por la sustancia rojiza, yacían dos cuerpos, mutilados. Uno era de una mujer, bellísima, con pelos rubios teñidos por muerte, y con cortes, tanto en sus ropajes, como en su pálida y triste cara. Al lado de ésta estaba, colocado de forma extraña, formando una “V” con su esposa, el hombre. Mas no tan mutilado, sólo con un corte en la yugular. Pero cuando quise acercarme a los cuerpos frescos, un frío me recorrió la espalda, y me llegó a la parte central de mi cuerpo. Un cuchillo estaba clavado en mi capa, y con una vuelta, revoleando mi gran ropaje negro, mordí a la víctima en el cuello. Y me saqué el vencido cuchillo, y con varios movimientos, formé cortes iguales a los que estaban formados en los cuerpos del piso. Lo miré a la cara. Tenía una cara de desesperación, una cara de terror, mas no muerta, pues ahora él inmortal era. Lo mire a sus grandes ojos verdes, una sensación extraña me recorrió, por un momento pensé que no podía ser él... mi propio hijo. Asesinado por un cuchillo ya cansado y extrañado. La misma arma que había tratado de matar a un progenitor, en la cara del creado se encontraba, dejando marcas imborrables, que ni doscientos años quitarían. Me tenía que ir, no podía quedarme ahí, no me podía ver... a su padre, su asesino, su creador y su destructor, el que abandona, el solitario, el que no piensa... Me escapé por la ventana, cayéndome en el piso, sintiendo un sonido de que algo se rompía, pero sin dolor. Y el lobo se acercó, me mordió, y como un reflejo, con mi espada le corté la cara. ¡¿Cómo iba a vivir esa maldita vida que me había tocado?! La misma que a mi hijo había pasado. No me podía parar, me quedaría ahí por toda la noche, hasta que el Sol me vea, me muestre, y yo desaparezca, cayendo en el mismo grupo que ustedes, malditos hombres. En la madrugada La Estrella todavía no había salido, y la gente pasaba a mi lado, como un depredador pasa junto a su presa. Malditos egoístas. ¡¿Por qué no me ayudaron?! Mas yo sí recibí ayuda. El lobo que se había quedado a mi lado esperando toda la noche, me agarró, y me arrastró hasta una cueva, sabía lo que hacía. En la cueva me protegió de la maldita maldición. Esa cueva era acogedora, no obstante, no mucha luz entraba por la pequeña brecha. La abertura tenía una forma redonda, la piedra estaba tapizada con gris y gotas. Yo estaba recostado en el medio de la “casa”, esperando para ver si la figura salvadora retornaba de su viaje. Mas no regresó en todo el día, y yo me quedé sin hacer nada. Pues en la noche yo no iba a salir, demasiada depresión y desesperación me perseguían. El recuerdo de mi hijo me alejaba de otras muertes, no podía arriesgarme a hacerle daño a otro conocido, sería demasiado para mí. El animal regresó con algo en la boca... ¡Era una parte humana! Me acerqué a él, y se la intenté quitar, mas la bestia me rezongó. Me senté de vuelta en el piso, pensando en mi infinidad, en mi hambre, en mi disgusto, en mi odio. Iba a vivir en una cueva para siempre.... Mas en ese momento decidí salir. Y cuando salí vi que volviendo la luminosidad estaba, e intenté entrar de vuelta, pero un rayo maldito me acarició el brazo, y me provocó una quemadura. Para calmar el dolor de la piel saliente, puse mi brazo en el charco que formaba una depresión en el piso. Mas no calmaba, al contrario, mi piel se empezaba a abrir, y la sangre empezaba a cambiar de color el agua. La quité enseguida, el dolor me mataba. Me caí y mis ojos se cerraron. Pronto me levanté, y pude llegar a ver como el lastimador se alejaba, para dar paso a la verdadera luz, la luz de la noche. Y entonces salí. Pues por fin me había animado a tratar de encontrar a mi hijo, algo interior lo hacía. Caminando por las calles de piedra, pisando el frío que ahora cubría todo lo que me rodeaba, me encontré con una figura en el piso. Tenía forma humana, pero no el todo, parecía desfigurada, casi sin cuello, con sangre vertiendo como un manantial de unas heridas creadas por un igual. Por mi hijo. Después de quedarme con la culpa de alimentarme, salí en la búsqueda de un ser que se escapaba, el que algo no aguantaba. Porque, de lo que mi pequeña y añejada mente puede recordar, el principio de otra vida, rodeado de inseguridad está, rodeado de culpa es, y llega a ser inimaginable para personas que el mayor sufrimiento es la muerte, no la vida. Ya no lo quería ver, era seguro ahora que su escape no era debido a ninguna inseguridad, el me había reconocido, el había reconocido a su asesino. Y volví a mi pequeño hogar, donde el lobo otra vez parecía haber disfrutado de su alimento, con la boca llena de ese gustoso líquido. Mi vida interminable me creaba problemas, no podía creer que mi hijo me temiera, no creía nada, me recosté en el piso y dormí. Al despertar, la noche había vuelto, y entonces salí, tenía que comer otra vez. Caminé por muchas calles, hasta que encontré una mujer, y se quedó casi sin vida en el piso, como si estuviera ya muerta, y decidí dejarla así por un momento. Rompí una ventana, y me corté a mi mismo, sin quererlo, y agarré una de las estacas que se formaron la madera rota, y la clavé en el medio del pecho de la reciente creada criatura. Y corrí, mas no sé si la había matado, y me caí al piso, enfrente de una botella. Decidí hundirme en el futuro de la botella, por la vida horrible, tomando el líquido que encontrábase dentro. Pronto vi varias figuras que se acercaban, mas eran muy desfiguradas y difíciles de decodificar. Además se movían demasiado. Me mareaban, intenté correr, pero me caí, en un charco, boca bajo, mas enseguida me di vuelta. Las figuras seguían ahí. Me paré, y las ataqué con mi espada, y con la recién creada arma, mas pocas veces les hería, parecía como si fueran sólo fantasmas. Me caí por el esfuerzo, y no aguanté más este sueño, y me fui a otro. Abrí mis ojos con un poco de mareo todavía, mas la figuras aunque medio raras, eran reconocibles. Había vuelto a la cueva, no sé cómo ni cuándo. Quizá el lobo me había ayudado. Él estaba comiendo, lo que era, esta vez, todo un cuerpo, mutilado, como si hubiera muerto con una espada. La cara era todavía reconocible, pero yo no me podía casi parar, ni tampoco podía ver bien. Mas mi corazón me avisaba, mientras veía al cuerpo atravesado por una madera en el centro, que tenía que ir a ver. No podía ser otra vez aquel ser. Todavía sentía unos latidos que venían el cuerpo. ¡¿Cómo era posible que siguiera vivo?! Mas vivo no estaba, nada ni siquiera una bestia de la noche podría haber sobrevivido a eso. Mi corazón seguía diciéndomelo, pero yo no lo creía, mi corazón siempre me había engañado, me había hecho sufrir, me había hecho lastimar. Mas esta vez era verdad, la cara se volvía más clara ahora que me había parado enfrente de el hombre. Y vi otra vez esa cara de sufrimiento, la cara de mi hijo. Miré al lobo. Al lobo asesino. Mi espada estaba ahora tirada en el piso, y con mi gran agilidad la agarré, y la moví en sentido horizontal, viendo como saltaba sangre y una cabeza, que rodó por el piso hasta mis pies. La tiré al charco, y vi como se pudría la vida de esa bestia horrible. Agarré la estaca con asco, el corazón que me venía atormentado se frenó, mas no me di cuenta, y con la madera rompí el cuerpo del lobo. Me di cuenta de mi error mucho después, cuando la vida de todos en la cueva estaba fuera, excepto la mía. Y me di cuenta, y recordé todas las imágenes de la muerte de mi hijo, viéndome como lo hacía. ¡¿Pero como me podía ver!? Era muy tarde para arrepentirme de cualquier cosa. Miré al Sol. Aradaë
Publicado a las 3:58 pm por Aradae
Lamentaciones: Aquí va otra lamentación:
El pasto es más verde del otro lado de la cerca. ¿Por qué no lo traemos? Yo veo las fuentes y flores en su jardín y me pregunto por qué yo no las tengo. Miro como mi vecino con una sonrisa sale a ver el sol iluminar el rocío. Y yo en las sombras sigo, tapándome del frío. ¿Por qué yo tengo que sufrir? ¿Quiénes son las otras personas para tener más que yo? Todavía, después, si el mal yo veo, tengo que ser responsables. Muéranse todos, no quiero sufrir más, el pasto se tiene que marchitar y yo por fin el sol he de mirar y no más voy a lamentar. Mas nunca, en todo el tiempo inmortal, voy a tener mi deseo.
Aradaë
Publicado a las 1:42 am por Aradae
Friday, November 21, 2003
Poema: Aquí va el poema del que tanto he hablado pero que sólo el comienzo he mostrado:
Destruirán los sueños Abrí mi ventana para ver las estrellas, y miré al cielo, miré al suelo, miré al velo, veía las obras entrelazadas negras; la palmera se iluminaba en mi sueño.
Sentado miraba la nada del vacío, y vi las estrellas, vi la gran belleza, abriendo mis ojos para ver el rocío; la oscuridad iluminaba con certeza.
Abrí mi ventana y vi las grandes obras, y miré a las siluetas, miré las facetas, que iluminaban la armonía de las tierras; vi la llegada de la luz con mi tristeza.
Miraba emocionado y luz se acercaba, y veía ruidos, sentía los asesinos, se oscurecía la vista que se acababa; cerré mis ojos para no ver los destinos.
Mas en mi mente seguía el odio infinito, y sentía muerte, sentía la suerte, y cerrando caminos terminó el fuerte; los relámpagos antiguos eran ya mitos.
Mas a la palmera le sentía como moría, y yo no miraba, yo no me animaba, se oscurecía ya la mirada creada; en mi corazón oscuro yo ya no sentía.
Mas finalmente la desaparición era inminente, yo ya no veía, ni sentía, ni creía, sólo el hombre era el que ya muy pronto sería; cerré mi ventana no viendo estrellas en mi mente.
Aradaë
Publicado a las 9:49 pm por Aradae
Saturday, November 15, 2003
Lamentaciones: Como odio todo, la vida, el humano, todo (por algo sigo escribiendo aquí), decidí empezar con algo nuevo... eso nuevo fue la idea que vino corriendo a mi mente, que la llamé ordinariamente, "lamentaciones". Estos textos será los que escirbiré epontanea y esporádicamente explicando que es lo que odio y su razon.... Serán cosas así... ¿Por qué el humano destruye su vida? ¿Por qué destruye la mía? ¡Oye, Dios escondido sal ya de la cueva y enfrenta los problemas! Creador fuiste, mas no lo asumiste... dejaste que siguieramos caminos inciertos como al asesinato... ayúdame tú, que escuchas, no Él que sólo disfruta de su vista, ayuda... el humano me ahorca, me asfixia... no aguanto sus mentiras... me estoy muriendo... nadie me ayuda... auxilio, tú, dentro de la cueva... Aradaë
Publicado a las 8:10 pm por Aradae
Tuesday, November 11, 2003
Poema: Terminé el poema que había mostrado en la página, aunque nadie lo vió, y algún día lo publicaré aquí. Cambio de nombre y otros aspectos surgieron durante el desarrollo.Aradaë
Publicado a las 10:28 pm por Aradae
Friday, November 07, 2003
Sobre cuento: Quería decir, ya que hace tiempo que mi boca no movió una palabra, que decidí hacer un poema que se intertextualize (si existe) con el cuento "El Cuervo" de Edgar Allan Poe. Realmente no creo que nadie mire esta página, mas, de todas formas, no se me ocurre nada más más que escribir.Aradaë
Publicado a las 10:20 pm por Aradae
Thursday, October 30, 2003
Sobre mi: Sólo quería contar esta pequeña historia basada en un hecho real que se me acaba de ocurrir, no busquen calidad; es así:
Sentado estaba, mirando el aparato, sin prestar atención a su alrededor. Y sintió sangre, mas no la sintió. Varios momentos pasaron antes de que el ser se diera cuenta de su error. Sangre rodeaba su mano; y no demoró en verla también en su cara, y se asustó. No poía estar muriendo, no podía ver tanta sangre, qué sentía, muerte... muerte... no. Vió la fuente de su deseperanza e hizo una risa sarcástica, mirando la sangre ya caída.
La verdad es que esto es sólo una historiaa que se me ocurrió contar porque me pasó, pero mi fuente era la nariz... ¡Qué estupidez!. Aradaë
Publicado a las 7:26 pm por Aradae
Wednesday, October 29, 2003
Producción de un poema y noticias
Noticia: Debido a el descubrimiento que he hecho con respecto a que no he actualizado mi página por días, he hecho la desición de hablar sobre mi; no tengo más que hacer. Así que, pronto yo contaré o sobre mi vida día a día (que en verdad no tiene nada en particular) o sobre mí en sí.
Creación de un poema:Esta es la forma en que estoy empezando a manejar la creación de mis poemas (obviamente casi ni son buenos), espero que me la comenten si algún día llega alguien a esta pequeña recolección de trabajos; la forma de creación es:
Sueño Oscuro Abrí mi ventana(3) para ver las estrellas, y miré al cielo, miré al suelo, miré al velo(5), veía las obras entrelazadas negras;(1) la palmera se iluminaba en mi sueño.(2)
Sentado miraba(4) la nada del vacío, y vi las estrellas, vi la gran belleza(6), abriendo mis ojos para ver el rocío(7); la oscuridad iluminaba mi certeza(8).
Abrí mi ventana y vi las grandes obras, y miré a las siluetas, miré las facetas, EN LA PRÓXIMA ESTROFA, EL SEGUNDO VERSO VA CON “ILUMINÉ”. (Lo que está en cursiva es lo que se tiene que repetir en cada estrofa, aunque no igual, parecido) Trece sílabas por verso, Arte Mayor. Siete estrofas de cuatro versos. Se repiten los verbos en todas las estrofas, de forma desordenada. Después de las primeras cuatro (el cuarto es el que habla de la llegada el hombre) los verbos cambian a los contrarios (o parecido) porque aparece el hombre. (1)Rima asonante. Punto y coma (2)Rima asonante y sinéresis. Punto. En la última estrofa se repiten los versos pero en forma inversa y con los verbos contrarios. (3)Se repite ventana estrofa por medio. (4)Se cambia el orden de las palabras siempre con un verbo en el segundo vocablo. Menciono características del “yo lírico” estrofa por medio. (5)Se repite en estrofa primera y última este formato (“y,verbo,al,objeto1”, “verbo,al,objeto2”, “verbo,al objeto3”,). La primera oración rima con las demás. (6)Se repite en estrofa segunda y penúltima este formato (“y,verbo,al,objeto1”, “verbo,al,objeto2”,). La primera oración rima con la segunda. (7)Rima consonante. Punto y coma.. (8)Rima consonante. Punto. En la penúltima estrofa se repiten los versos pero en forma inversa y con los verbos contrarios.
Como habrán visto, si alguien lo ve, es bastante ordenado y sirve como para estudiar el mismo poema.Aradaë
Publicado a las 10:40 pm por Aradae
Friday, October 17, 2003
Cuento:Mi cuento con mayor consideración es éste (no recibí ninguna instrucción para escribir, ni siquiera soy mayor de edad, por ende, no ha de haber preocupación):
Fugazmente El viento rozaba su blanca piel mientras ella caía hacia el abismo. Aunque estaba esta cubierta por el tejido blanco, con el cual toda la alegría había venido, y con la cual toda la alegría se había escapado. Su mejor sacramento este reflejaba con cierto aire de ironía. Los cabellos negros ascendían por el aire, logrando que parezcan una verdadera estela, un fantasma de su desaparición. Los recuerdos le recorrían la cabeza con la velocidad con la cual las ventanas pasaban, yéndose de abajo hacia arriba. Estos le hacían llorar, aunque las gotas subían, dejando simplemente una línea en la cara, por la cual el frío penetraba. Pero una risa sarcástica apareció en su cara, en el turno del hombre, el hombre que al mismo tiempo que le había dado vida se la quitó, rompiéndole el amor, apagándole los sueños. Aunque un fuego seguía encendido dentro de ella, prendido estaba este con distinto alimento. Antes amor, ahora odio, odio hacia la vida, hacia los seres, hacia quienes la mataron, la cegaron y la llevaron hacia el lugar sin retorno, que sólo podrá ser roto por el salvador, por el Mesías. Ese odio hacia la persona no puede ser descrito, es un odio de muerte, un odio asesino. Uno que se estuvo formando en varios meses, creado por las heridas que crea el amor y el humano. Ese odio fue formado por su esposo. Ella todavía recuerda su casamiento, todas las caras hipócritas, felicitando, llorando por falsedad, sólo pensando que se habían casado y que ese era motivo de felicidad, no pensando en la realidad. Por un simple acto. La gente que no la conocía la saludaba en la mejilla susurrándole en la mente su próximo error. Pero estos avisos eran descubiertos no por muchas personas. Y ella no entraba en ese grupo, mas pronto iba entrar por la puerta dañada. En sus primeros meses de casamiento, ellos se quisieron, como se reflejaba en sus apasionadas cenas. Mas nunca supe si realmente el la amaba o no. Mi hermana siempre lo hizo, por eso cuando su sangre empezó a correr por su pálido cuerpo ella se asustó. Muchas noches llegó a mi casa con desesperación, la luz de una nueva vida se acercaba y el esposo, al que ingeniosa y esquivamente no nombraba, no daba la menor señal de alegría, ni en su cara, ni en sus acciones. Yo la cuidaba cuando podía, pero los peores tiempos asolaban, y nuestra madre a la muerte había llegado por medio de una peste, igual que el amor de mi hermana. Entonces por la sucesión de tristezas ella se dirigió hacia su apartamento, donde el miserable hombre se encontraba, con el vestido de novia, algo que incomprendido por mi pensamiento. Estaba cegada por un fuego, igual a cuando cometió su casamiento, tan cegada que no se acordó la responsabilidad que cargaba por obligación. Y sin pensarlo tomó el medallón de oro grabado con el signo irreal e inventado del amor, regalo de casamiento de su propio esposo, y lo lanzó por la ventana. El esposo ni se inmutó, se había quedado impactado por el golpe que la puerta había dado contra la pared llena de cuadros e imágenes. Mientras el oro atravesaba la ventana, un sacudimiento tiró todos los cuadros de su casamiento, y todos los impagables regalos que se habían entregado el día del sacramento. Pero lo más extraño fue que la llama en la chimenea que, con ayuda de los dos esposos, siempre había estado encendida, se apagó. Entonces fue cuando ella vio lo que había cometido, y notó la pena que iba continuar a la preparada muerte. Mas su mente funcionaba de forma distinta a su cuerpo, siempre lo había hecho. Mató a su esposo con la espada que había estado acarreando desde el lugar donde la idea había nacido. La sangre corría como un río sobre la madera del suelo, adentrándose en la profundidad, tapando la entrada de aire. Por la ventana entraba el viento que le indicaba su destino, y ella no lo desafió. Entonces, sin ninguna idea corriendo por su mente, camino hacia su fin, hacia su principio. Sin nada de lo que hacía por su cabeza, ella apoyó su pie en el marco de la ventana. Vacía su mente estaba cuando se paró en la ventana y vio como todo era lúgubre, como todos las estructuras la encerraban, como todas la luces la encandilaban En ese momento su conciencia se despertó, y se dio cuenta que no podía ir para atrás, que ese era su destino. Soltando todas las amarraduras cayó hacia un pozo sin fondo. Eso fue lo único que recuerdo de ella en el cuarto pequeño pero lujoso, pues yo llegué ahí en el momento de su final, pero no la quise detener, solo empeoraría las cosas. Los factores de su ida fueron muchos más que la vana sensación de ser golpeada. Porque el dolor no es exterior, ese puede ser bloqueado por la mente. El dolor interior es el real dolor, el cual sólo se logra gracias a las otras personas, no por sí mismos, que aunque quisiéramos no nos lo podríamos infligir, pues su sufrimiento es superior al que cualquiera pudiera imaginar. Ese dolor fue el que la hizo desaparecer, el dolor de la pérdida del amor, y el dolor de la pérdida de una vida. Ella no quiso ese sufrimiento, y encontró la salida más fácil para sí misma.
Sus recuerdos fueron apareciéndose muy rápidamente, como luces de un pasado ahora perdido. Su mente miró hacia sus recuerdos de niña, cuando todavía era pura. Mas sus recuerdos eran flojos y sueltos, y entonces, empezó a recordar las veces que había sido lastimada por sus padre, que aclararé no es el mismo que el mío. Y se acordó de su peor época de niña, de su ser en el vientre por el hombre introducido sin respetar derechos. Esto ocurrió a los diecisiete años, todavía era una adolescente. Recuerdo, pues no muy lejos esta fecha se encuentra, cuando volvió del liceo, la fuerte lluvia había dejado en ella una huella. Pero dentro de toda el agua sus ojos verdes brillaban, y sus lagrimas limpiaban por donde pasaban. No le tuvimos que preguntar lo que había pasado, no queríamos atormentarla en un momento tan triste. Las luces de la habitación estaban apagadas por que la corriente eléctrica había sido cortada por una estruendosa luz. Cuando caminó hacia adentro de la casa, se desparramó. Esa imagen quedó grabada en mi mente por años, matándome. Cuando la llevamos al hospital, yo y mi madre, nos preocupamos más, el asesino misterio nos mataba. Su vida y la de otro estaban en peligro, y ella tuvo que decidir una de las cosas más difíciles para hacer, tuvo que decidir si asesinar o no. Su decisión fue muy obvia por su carácter, ella se arriesgó. Pero ojalá esa decisión nunca hubiera sido tomada, el bebe no había de nacer.
Las lagrimas le llenaban los ojos mientras seguía cayendo y los pensamientos seguían cambiando, por un tiempo sus recuerdos estuvieron nublados como estuvieron en su decisión, y por fin pensó en las consecuencias de su salida sin aviso. Pensó en mí, en la madre que vería pronto, y en su vida. Pero sobre todo, pensó en sus sentimientos, cuáles serían ellos cuando la salida esté a menos de un metro de distancia. Sus pensamientos no alejaron ésta idea, y ella se empezó a arrepentir. Sus sentimientos le decían que era tiempo de decir sí a la vida, pero sus pensamientos seguían con el mismo, decían sí a otra salida. No pudo pensar en la ya cercana pérdida, su sola conexión con un pensamiento hacía que su corazón latiera para salir, y que el tiempo se adelantara para descubrir el siempre creído misterio. Llegando al fin del camino, ella se asustó y el tiempo se paró, todo se movía tan lento. No quería ella que la muerte se acercara, sólo por miedo a lo misterioso. Todos los ideales que había tenido durante toda su vida fueron repensados, y fueron reemplazados. El mundo se terminaba ahí, no había salida, la vida sólo tenía entrada. Nada era bueno en su vida, todo la había atormentado, todo la hacía sufrir. Mas entonces descubrió lo que era la felicidad: su utopía. Algo que si bien podía ver, no se podía tocar, ni se podía oler. Todo misterio que alguna vez había tenido con respecto a la vida fue desvelado, toda pregunta fue respondida, todo formó sentido. Llegó a un punto de conocimiento infinito, a un lugar de felicidad. Mas ella no lograba entender que lo que sentía era esa meta inalcanzable. Ella pensaba que no era más una ilusión de las drogas que ella había tomado antes de partir hacia su víctima. Y así, poco a poco su final se iba acercando, aunque un campo mental lo frenara, no se puede parar a la muerte. Abrió los ojos, aquellos que habían permanecidos cerrados mientras los fantasmas de ideas cruzaban su cabeza, los mismos ojos que me habían mirado aquella tarde hace tan poco tiempo. Y al ver los pocos metros que faltaban, sus pensamientos se borraron, ya no sabía que hacer. Sólo sabía que eso se debía parar, que eso no podía pasar. En ese momento su peor pensamiento cruzó su cabeza, un pensamiento que nunca tendría que haber aparecido. Pensó en su luz, en su bebé que tendría que haber nacido pero no lo haría por su culpa. Todo le volvía a la mente, pensó que no se tendría que haber casado con alguien para ocultar la vida de un otro, no tan rápido. Ese amor que había tenido, desaparecido estaba ahora. Sus lagrimas tocaron el suelo, y vio una luz, y en ella había algo. Un medallón, un medallón de oro, partido. Aradaë
Publicado a las 10:50 pm por Aradae
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